Porque hoy mis ojos están tan cansados que ni cerrarlos puedo. Ahora solo te pienso y me acuerdo cómo todos nuestros deseos -tan comunes- están tan lejos de nosotros, así como yo estoy tan lejos de tus pensamientos, y de cómo quisiera que no fuera así, porque pude sentirme completamente en tu presencia cuando me diste la oportunidad, pero aún así mis traicioneros sentimientos (esos que hasta ahora empiezo a conocer) desviaron mi mirada de tus pretensiones y me desubiqué de lo que pudo haber sido tan lindo, tan salvajemente lindo, tan nuestro.
No puedo dejar de imaginarte sin sentir un deseo que perturba mi sistema nervioso y me aleja de la serenidad. Aún no sé a qué juega quien se ha encargado de hacerme pagar por semejante culpa, lo único que sé es que si estuviéramos más cerca te diría con toda confianza (esa que logramos para ambos con cada encuentro) que no quiero perder mi tiempo y vivir alejada de lo que podría ser un feliz presente, ingenua a cualquiera de nuestras metas. Así como antes varias veces me lo confesaste, te confieso ahora, no lo que me confesaste, sino que te voy a confesar lo que me confesaste. Mis ojos arden, mi mente se va, estoy tostada.