Las cosas solo pasan
Enero 7, 2008En muchas ocasiones de mi vida he intentado llevar el rumbo de cada uno de los eventos que estoy dispuesta a afrontar, en muchas ocasiones lo he logrado, aunque no siempre, pues esta cosa que llaman vida corre al ritmo que se le antoja y una no puede ir en contra de todo. Es precisamente, en el momento de forjar nuestro destino, que podemos llegar a cuestionar nuestro “libre albedrío”. Los naturalistas, hasta donde sé, dan cuenta de esta libertad y afirman que todas las conductas están regidas por ese libre albedrío, los positivistas, en cambio, lo contrarían, con el argumento -que es obvio- que uno no tiene control sobre todas sus conductas, cosa que hasta cierto punto puede ser muy cierto. Por el hecho de no querer encajarme en una tendencia o en otra, me dispongo a señalar éste tema con cuidado.
Y es que por más que uno quiera, algo es cierto, no se puede controlar todo, las conductas no siempre están bajo nuestro control. No me atrevo a decir que nunca lo están porque, gústenos o no, todo al final depende de nuestra propia decisión, por más que esta esté predeterminada por nuestra forma de ser. Como antes lo decía, en diversas ocasiones he insistido en hacer las cosas por mi cuenta, con un objetivo claro que es propio de mi interés; hasta hace un tiempo tenía una meta fija a futuro, que implicaba únicamente ir por el camino que iba sólo a mi manera; sin embargo, y a pesar de insistir en no “desviarme del camino” he empezado a hacerlo, y aún con la voluntad manifiesta me ha sido inevitable poder seguir por mi anterior ruta, por lo cual me he visto obligada a detenerme.
Definitivamente comprendí que no todo puede estar bajo mi control y que a fin de cuentas no puedo obligar a las cosas que pasen, escasamente puedo intervenir en una que otra decisión, y ni siquiera eso se va a ser suficiente para afirmar que todo está “fríamente calculado”. Y mucho menos cuando, entre tantos giros que da la vida, termino por obedecer mis sensaciones. Eso que llaman “escuchar tu corazón”, y cuantas otras expresiones que siempre procuro suprimir de mi pensamiento. Siendo así, casi en contra de mi propia voluntad, he terminado dejándome llevar por mis emociones y ahora tengo sensaciones propias de… adivinen… un ser humano.
¿Qué hacer? Nada, es mi naturaleza, lo que he sentido no lo puedo desaparecer así porque sí, y así tenga toda la voluntad de desprenderme de toda sensación que choque con mi manera de pensar. Tampoco creo insistir en “las cosas”, pues al final esas cosas pasan y no lo podemos evitar, es más, esas cosas ni siquiera las podemos hacer pasar, tienen que pasar solas, y una, por más que quiera no va lograr impedir que pasen. Estoy demasiado vulnerable en estos momentos y mi indirecta búsqueda por un complemento emocional ha terminado, para mi desgracia. No con esto pretendo gritar por cielo y tierra que efectivamente mi corazón ahora se encuentra muy feliz, esas son sólo palabras y la realidad es otra, es más, tengo que hacer entrar en razón a mis sensaciones, porque lo que quiera que esté buscando al fin y al cabo no se me corresponde.
Parece todo esto una pataleta de alguien con emociones inmaduras, pero considero que el problema, que va más allá, es que todo ese mundo de emociones sin control, todo ese universo de conductas regidas por un no se qué, todo aquello que pretendí controlar según mi libre albedrío se está viniendo abajo de una manera tan sencilla, se está desboronando poco a poco, y por más esfuerzos que haga por insistir en seguir mi camino, las cosas pasan y no es algo que yo pueda controlar. Seré capaz de tomar control de mí, de tomar mis propias decisiones, pero de ahí en adelante no es mucho lo que pueda hacer.