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Ya te fuiste, y no lo noté.

Septiembre 6, 2007

Supongo que cuando uno nace a finales de un siglo logra comprender a fin de cuentas la trascendencia de éste, sus avances y sus metas, así como sus grandes tragedias, todas vividas mientras otra parte del mundo era testigo de ellas. El hecho de nacer casi a las puertas de nuestro actual siglo me ha hecho ver cosas que no esperaría ver de haber nacido una década más adelante, me ha hecho convivir con diferentes cosas con las que puedo interactuar para ser un poquito más feliz, de niña conocí grandes series, conviví con fascinantes películas, cosas de ese tipo aún a las puertas de mi segunda década, me hace tan feliz, el simple hecho de escuchar una y otra y otra y otra vez las canciones infantiles que carecían de total sentido en letra me hacen sentir como si nunca me hubiera ido de aquella niñez que, a pesar de traumática y desgraciada, me hizo feliz en alguna forma. La inocencia, la ignorancia, las preguntas, la magia, esa velita de magia que con el paso de los años terminamos por apagar. Todo esto termina yéndose al agujero de los recuerdos perdidos donde terminan todas aquellas bonitas experiencias que nunca debimos olvidar.

Cuando recuerdo que en este mundo no todo es para siempre me quedo pensando… cuándo dejaré de estar en este mundo? Ignoramos los hechos que inevitablemente sucederán, y nos encontramos con la realidad que incluso los más conocidos también mueren, y los más cercanos… los más cercanos… ahí se aviva el pensamiento, quién sabe, tal vez hoy, apenas salga de casa, sea ferozmente atacada por un ladrón con un puñal, tal vez un coche conducido por un ebrio termine por subirse a la acera mientras yo voy a clase y acabe arrollándome, o tal vez mi corazón no resista más de lo que ha resistido y deje de funcionar… o simplemente adquiera un virus letal que no me de oportunidad de seguir con vida, tantas cosas… cuando era pequeña conocí muchas personitas de mi edad que vivían bajo la sombra de su pronta muerte, por lo general a causa de una enfermedad de nacimiento que les condicionaba la vida y les coartaba sus libertades.

Me considero afortunada, nací sana, pero… qué pasa con aquellos que no tienen tal fortuna? Siempre me asustó esa idea… el simple hecho de pensar que gente como yo, de mi misma edad, tenga más probabilidades de morir y que puedo terminar visitando sus tumbas más pronto de lo esperado, me hace pensar en mi corta vida. Paradójicamente todas estas personas que me hacían pensar en la muerte aún no han muerto (no que yo sepa). Cuando me entero que un personaje muy reconocido de nuestro tiempo partió de éste mundo recuerdo nuevamente que nada en este mundo dura por siempre, y que el siglo XX, tal como lo conocí, está desapareciendo poco a poco, y yo aún me empeño en seguir en él, tal vez sea porque mi niñez no está del todo disgustada con el mundo, tal vez porque le agradezco al mismo siglo que me haya permitido seguir con vida, al menos hasta la próxima década.

Yo crecí en el tiempo de la constitución, de la insistente y falsa protección de la vida, de los escándalos depravados, del pasado desgraciado, de los sentimientos desgastados, del cansancio humano, de las puertas del nuevo siglo, de la música renaciente, del anime de los sábados en la mañana, de las noticias curiosas, y del amor por las bobadas, esas que aún carecen de valor ante los ojos de nuestros padres. El corazón no era importante, la soledad era agradable y los matrimonios civiles habían logrado imponerse (vencimos mamá!). La entrada de un mundo de convenios y uniones continentales que nos mostraba sus primeros síntomas globalizantes en nuestras cadenas de televisión. La época de la radio en las mañanas, de los despertadores digitales de ruidos angustiantes, del frío sobre nuestras cobijas y del calor debajo de ellas. De los amaneceres con olor a mundo y del mundo con opacas mañanas. Del aprecio por la naturaleza confundido con el discurso religioso, de los carros del presente que nos recordaban la inmensidad de nuestra imaginación futurista, de los cuentos que no pasaban de cuentos, y de la gente insistía en creer.

Tantos sueños, tantas esperanzas, y al final estas sucumbieron ante un mundo que no nos da más que realidades. Hace cuánto que se fue el siglo XX, y aún no lo había notado…