Indescifrable encuentro, tiernas frases que inundan mis incansables emociones que intentan despertar en la ternura de esos ojos que nunca debí ver, de no haberlo hecho mi corazón estaría abierto, hoy vivo la angustia de no encontrar una señal, de despedirme de ti sin que siquiera me saludes y de tal vez, solo tal vez responder a tu llamado, aún cuando ni siquiera notes mi existencia; ya no estas, estabas pero ahora no, te perdiste en esa hermosa melodía que alguna vez susurré para ti, aún cuando podías oírme, aún cuando te dejabas ver, en esos días de lluvias constantes de las que alguna vez compartimos el barro de esa húmeda tierra que nos hacía sentir de todo, lástima que no fueran los mismos sentimientos, lástima que tu cabeza viviera muy lejos de aquellos pensamientos y lástima que te hayas marchado sin siquiera saberme conocer. Hoy entiendo que sin ti mi vida habría sido como un respiro reconfortante, verte, vivirte y tocarte fueron cosas que aunque bellas en su momento solo lo fueron ahí, en su momento.
Hoy mis ojos no quieren ver más allá, mi cuerpo se cansa de vivir y a mi piel aún le sangran esas heridas por las espinas que dejaste llenas de un veneno que me sacudió hasta terminar en cama. Hoy veo que estas allá, en esa estantería de la aparente victoria que más que ser real es tan solo un muy picante síntoma de amargura preso en la cruda realidad de ser nadie, con intención de serlo pero que nunca lo será y buscando de una u otra forma incansablemente vivir lo que supuestamente merecías, pero todo aquello servido en tus exigentes manos fue rechazado por tu elitismo ignorante, y ahora lamentas en manos de alguien más esa vida de fina belleza que alguna vez te hizo valioso, ahora solo estas así, como estas, provocas tanta vergüenza que hasta yo siento pena por haberte apreciado de esa forma.
Lástima que hayas terminado así, aparentemente tan feliz pero con ese nudo en la garganta que hasta yo pude desatar alguna vez con solo tocar tu mano. Al parecer nada nos alegra, siempre que te encuentro en mi cabeza veo esa cara melancólica de fingida alegría que no me hacía feliz, pero calmaba mis sueños, igualmente te imagino, allí entre reinos desaparecidos, ya acompañado, con esa felicidad inconforme, no eres suficiente para ti mismo, así como no lo soy para mi misma, es innegable nuestra coherencia, pero igualmente es cruda y real nuestra lejanía. No es suficiente con que vivas, si no mueres tú moriré yo, y sin pensarlo más te echaré de mi mundo por la puerta de atrás. Que te vaya bien mi querido… no dejes de fingir para que seas feliz…